El Nena

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Nunca me he comportado mal. He sido el nene de mamá. Un puto niño mimado.
Nunca se comportó mal. Fue un nene de mamá. Un puto mimado.
Nunca salí de casa después del mediodía. Recordaba mis juguetes con nostalgia cuando llegaba esa hora. Aquel día, no sé por qué, decidí abandonarlos.
Nunca salía de casa antes de la medianoche. Recordaba sus juegos con nostalgia cuando llegaba la hora. Aquel día que decidió abandonarnos nadie supo el motivo.
Todos me decían el nene, por lo tímido que era y por lo bueno que era. Era el niño de mamá. El niño de Ana Rosi. En realidad Ana Rosi era papá y mamá.
Todos le decían El Nena, por lo tímido que era y por lo bien que se le daba hacerse la puta. Era el niño de la mami. El niño de Ana Rosi. En realidad mami y papi, como él decía, mama y pipi… mama y mama.
Me pegaron en el parque. Me propinaron una buena tunda de patadas. Me metieron una navaja en la boca, obligándome a morderla… No solo me metieron la navaja… Y no solo en la boca…
Le pegaron en el parque. Le dieron una paliza monumental. Estuvo un mes ingresado. Le metieron una navaja en la boca, obligándole a morderla, y luego le dislocaron la mandíbula de un puñetazo. La verdad es que no solo le metieron la navaja. Y no solo se la metieron en la boca, con la mandíbula dislocada. 

Eran amigos de Jordi, dijeron que nos pagarían bien, que no nos harían daño. Eran muy guapos y fuertes. Todavía guardo en mi memoria el rugido de sus motos y el brillo de sus pantalones de cuero. Siempre me han fascinado esas cosas.
Eran unos macarras que el muy marica del Jordi había convencido en el parque. El trato se cerró por unas míseras pelas, casi una limosna por el vicio. Eran unos desgraciados borrachos, en dos destartaladas motos y con pantalones raídos y sucios.
Parecían tiernos. El más joven no dejaba de susurrarme cosas al oído. Poemas de Gloria Fuertes, creo.

Eran unos yonquis curiosos. Solo querían follar, si es que eso se puede llamar así. El Mari comenzó a escupir sus apestosas palabras en el oído del Nena. Jordi nos contó, y mira que ese había oído todo tipo de cosas, que nunca le había dado tanto asco un tío, y eso que estaba bastante bueno.
Deslizó su mano suave por mi espalda, me acarició el pompis. Me besó. Fue un beso apasionado. Nadie me había besado así.
Le arrancó la camisa de un tirón y le propinó un golpe haciéndole sangrar. El Nena se chupó el labio, cosa que pareció excitar al otro. Se sacó su, según el Jordi, mísera cosita y le meó en la cara, luego se arrodilló e hizo el gesto más tierno de la noche: el beso que dio paso al acero.
Sentí como me poseía. Nunca me habían hecho sentir tan bien. Sentí orgullo por esa cosa tan grande que ahora me llenaba. Lo olvidé todo recostado en la grupa inmensa de la moto. Era un bienestar absoluto. Era el paraíso… De pronto el placer me cegó, hizo que me ardieran los ojos y luego aquel último beso que me quemó la mandíbula: mi primer beso de verdad.
Empezaron a pegarle mientras el Jordi huía. Le destrozaron la cara y las costillas después de ejecutar la escena de la navaja. Lo encontramos unas horas después, mientras murmuraba un nombre, con cara de ángel asesinado.

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